martes, 21 de junio de 2011

Resumen de "La Dama de las Camelias" de Alejandro Dumas (Hijo)


Armando es un hombre desesperado que desea firmemente obtener un recuerdo de su querida: Margarita Gautier, que ha muerto, quedando todas sus pertenencias en manos de sus acreedores, y él sin un consuelo, pues se siente culpable por todo lo que le hizo sufrir a ella en vida. Después de la muerte de Margarita, sus pertenencias son subastadas para pagar sus deudas, y Armando llega muy tarde a París para obtener alguna d e esas cosas; pero se encuentra con un hombre que le regala un libro que el compró en la subasta, y a este le confiesa toda la historia que vivió con la mujer.

Margarita era una Meretriz residente en París, que sufría al parecer de tuberculosis, lo que le dificultaba de vez en cuando el desempeño de su profesión. Sus clientes eran hombres de la nobleza, que se dedicaban a mantener a Margarita entre lujos y comodidades.
Armando era un hombre de clase media, que no conocía a Margarita; sin embargo cuando se enteró de su crisis de salud, comenzó a visitar su casa para informarse de su estado. Él, un desconocido, llegó a verse más interesado en ella, que incluso los condes y duques que eran sus clientes. Cuando Margarita se vio recuperada, Armando comenzó a visitarla, y sus lazos comenzaron a estrecharse. Pero para mujeres como Margarita era casi prohibido enamorarse, y más aún, siendo de un hombre de clase media, que no tenia los recursos para mantener sus lujos y sus deudas.

Margarita y Armando, se enamoran lentamente, y aún Margarita sabiendo que no es algo de lo que ella pueda darse el lujo, continúa con esta relación, mientras que Armando se muere de celos porque Margarita debió seguir trabajando, y dándole gusto a sus clientes, para seguir pagando sus deudas, que cada vez aumentaban.

Prudencia, que era amiga y colaboradora de Margarita, le advertía a Armando que no intentara tener nada serio con Margarita, pues así arruinaría su vida; y con él, ella nunca tendría tantos lujos como con sus clientes.

Un día, Margarita le pidió al duque, que le comprara una casa de campo en Bougival. La pretensión de Margarita era poder vivir un tiempo tranquila  con Armando sin que nadie se enterara, y ella no perdiera sus clientes. Pero ella se enamoró tan perdidamente como Armando, y decidió renunciar a su vida de meretriz  definitivamente. Allí, ambos vivieron un tiempo esplendoroso, de gran amor, de tranquilidad, y hasta los síntomas de la enfermedad de Margarita, desaparecieron.

Pero, un día Armando recordó que hacía rato no iba a París a revisar el correo, y que su padre debía estar preocupado. Se marchó a París, y se enteró por una carta de su padre, que este, estaría muy pronto allí, pues estaba inquieto de que Armando no le respondiera ninguna carta.
Armando recibió a su padre, y le contó lo que estaba sucediendo con Margarita, pero este rechazó la situación argumentando que lo que ella sentía no podía ser amor, y que el no podía tener nada serio con una cortesana.

Ante esto, Margarita sufrió muchisímo, y además, comenzaron de nuevo a asecharlas sus acreedores para el pago de sus deudas. Ella vendió cuanto pudo para que Armando no tuviera que pagar tanto dinero, pero no fue suficiente. Margarita se sumió en una profunda tristeza, y Armando intentaba todo cuanto podía para alegrarla.

Prudencia, que no estaba de acuerdo con la relación, le insistía a Margarita volver a su antigua vida.

En una ocasión, el padre de Armando le pidió ir a visitarlo. En esa visita, este, acepta la relación entre Armando y Margarita, y se muestra tranquilo con la situación. Pero cuando Armando vuelve a contarle la gran noticia a Margarita, esta, no se encuentra en casa. Armando se quedó esperándola toda la noche, hasta que decidió volver a París a buscarla, y allí se entera de que ella volvió a ser meretriz. El hombre, se deprime muchisimo al enterarse de esto, y se llena de dolor y de odio.

Con el tiempo, el vuelve a París y se encuentra con Olimpia, una cortesana a la que le da muchisimos lujos, y  a   la que vuele su querida para hacerle daño y vengarse de Margarita, quien sufre mucho viendo el odio que le tiene Armando. Ella vuelve a caer en una crisis de salud, de la cual no le fue posible salir. Armando se va de París, y ella muere mientras el está fuera.Pero le deja cartas que escribía a diario, y entre esas, una, en la cual le confesaba el motivo por el cual volvió a París a continuar con su antigua vida de meretriz. En la carta le comenta que fue su padre quien le pidió alejarse de Armando, argumentandole que no solo le traería perjuicios a el, sino que también le estaba trayendo problemas a su hermana, pues su prometido no se quería casar con ella por la vida que llevaba Armando, su hermano. Margarita confiesa en la carta, que ella, en muestra de su amor y de que le estaba haciendo daño a muchas personas, se alejó de Armando y para seguir pagando sus deudas volvió a ser cortesana.

Con las cartas, Armando cae en una profunda depresión y se siente muy culpable, porque se dio cuenta de que ella lo siguió amando a el tanto como el a ella, pero el sólo buscó la forma de vengarse y de hacerle daño.

Frases

¿Hay algo más triste de ver la vejez del vicio, en la mujer sobre todo?

Son soles que se ponen como se levantan, sin ruido

Poseía un supremo grado de arte de hacer desaparecer el olvido de la naturaleza con el simple arreglo de las prendas que endosaba

Se había convertido en una necesidad de su corazón la joven, en su único pretexto y en su única excusa de vivir aún

Con un falso pretexto de pudor, no queréis compadecer esa ceguera del corazón, esa sordera del alma, esa mudez de la conciencia que enloquecen a la infeliz afligida y que la hacen, a despecho suyo, incapaz de ver el bien, de oír al Señor, de hablar la lengua pura del amor y la fé

Quisiera legarte cualquier cosa que me recordara a tu espíritu siempre; pero en mi casa está embargado todo, y nada me pertenece

Temblé al adquirir la certeza de que Margarita no merecía lo que sentía por ella yo

Los deseos del cuerpo hacen esa concesión a los ensueños del alma

¡Cuán sublime niñería la del amor!

La mujeres son despiadadas para con las personas a quienes no estiman

Es que desde que la he conocido, no sé cómo ni por qué, ha ocupado usted un sitio en mi vida; es que, por más que ahuyente de mi pensamiento su imagen, a él vuelve; es que hoy, cuando sobre mi corazón y mi espíritu un ascendiente todavía mayor; es que, por fin, al recibirme al presente, al conocerla, al enterarme de cuanto hay en usted de extraño, se me ha hecho indispensable, y me volveré loco, no ya si no me ama usted y si como no me deje amarla.

Con frecuencia se alegra uno de cualquier puerilidad, y es un goce perverso destruir esa alegría si, dejándola subsistir, se puede alegrar mas todavía el que la disfruta

“Jamás he visto un hombre como usted.” ”Es que nadie la ha amado jamás como yo”

Ante la perspectiva de vivir menos tiempo que las otras, me he propuesto vivir más de prisa

Su amor me haría más dichoso que los más virginales amores

¡Qué bueno le torna a uno el amor!

Las mujeres tienen dos formas de amar que pueden dimanar una de otra: aman con el corazón o con los sentidos.

Frecuentemente, una mujer toma un amante por obedecer a la sola voluntad de sus sentidos, y, sin haberlo previsto aprende el misterio del amor inmaterial y ya no ve más que por su corazón

Se censura a los que se arruinan por actrices y mujeres entretenidas; lo que asombra es que no hagan por ellas veinte veces más locuras.

¡Cuán pronto se da uno cuenta d lo corta que es la vida!

No hay hombre a quien no se haya engañado una vez por lo menos y que no sepa que por ello se sufre

Algunas veces permiten las mujeres que se traicione su amor, pero jamás que se lastime su amor propio

Nosotras, cuando todavía tenemos un poco de corazón, damos a las palabras y a las cosas una extensión y una intensidad desconocidas para las demás mujeres.

Si supieran los hombres lo que se puede conseguir con una lágrima, los amaríamos más y los arruinaríamos menos

Si ha estado usted enamorado, seriamente enamorado, ha debido de experimentar esa necesidad de aislar del mundo el ser dentro de quien se quisiera vivir por completo.

Nos acelerábamos para ser felices, como si hubiéramos adivinado que no podríamos serlo largo tiempo

Un padre está siempre autorizado para apartar a su hijo de la mala senda por la cual le ve adentrarse

¡Cuán dulce es dejarse persuadir por una vos que se ama!

¿No sacrificarías siempre los afectos sinceros por los afectos dudosos?

Cuando la existencia ha contraído un hábito como el de aquel amor, parece imposible que se rompa este hábito sin relajar al mismo tiempo todos los resortes de la vida

El hombre es muy mezquino en todo y muy vil cuando algo lastima una de sus menguadas pasiones

Pasé al estado de cuerpo sin alma, de cosa sin pensamiento

Sólo los hombres tienen arrestos para no perdonar

¡Cuántos felices hay sin saber que lo son!

1 comentario:

  1. Sara, muy bien la socialización del texto.Felicitaciones! Atrapaste la atención de tus compañeras.
    Ahí está pintada la naturaleza humana. Como nos complicamos la vida...Es una historia muy triste.

    Saludos,

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